Nuevo ciclo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en la temporada 26/27.
El estilo es la vida y viceversa
El 26 de marzo de 1827 fallecía en Viena Ludwig van Beethoven. Y Universo Beethoven no podría celebrar ese segundo centenario sin repasar todos sus cuartetos de cuerda, es decir, una de las cumbres no ya de su obra, también de la historia de la música. Como las sinfonías o como, sobre todo, las sonatas para piano, los cuartetos reflejan el crecimiento de una obra ligada no solo al desarrollo del estilo, sino a las relaciones de este con una a veces bien compleja vida interior, comenzando como un fruto maduro del clasicismo, afianzando su personalidad en el periodo intermedio y culminando en la hondura, insólita hasta entonces, de las piezas finales del conjunto.
No dejará de ser especialmente interesante para los fieles a Liceo de Cámara XXI que esta serie beethoveniana llegue justo —cosas de las efemérides— en la temporada siguiente a la que acogiera la integral de los cuartetos de Shostakóvich, imposibles de comprender plenamente sin la sombra y el acicate de los del genio de Bonn. A diferencia de aquellos, esta vez las obras no se abordarán por orden cronológico. Son opciones distintas la de la estricta sucesión y la de la complementariedad consciente, pero, en ambos casos, se trata de vías de igual pertinencia. Así, ahora cada programa integra cuartetos de diversas épocas en la producción beethoveniana, lo que permite que la evolución formal y expresiva del autor aparezca en cada una de las entregas, haciendo que la escucha no deba apelar, como en la interpretación sucesiva, a sensaciones ya gustadas.
Del mismo modo, para poner en pie un ciclo como este cabe encomendarlo a un único cuarteto de cuerda o dividirlo entre distintas formaciones. El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) ha optado en esta ocasión por la segunda posibilidad, con un elenco muy atractivo: Cosmos, Jerusalén, Leonkoro, Ébène, Schumann y Quiroga. Ello supone, además, ofrecer visiones que, con el paso del tiempo, resultan ya corresponder a diferentes lecturas generacionales en un plazo en cierta manera breve pero también suficiente. Tengamos en cuenta que el Jerusalén se fundó en 1996 y el más reciente, el Leonkoro, en 2019. Hay que señalar, una vez más, la presencia de dos de los grandes cuartetos de cuerda españoles, el Quiroga y el Cosmos, protagonistas destacados del actual florecimiento de la formación entre nosotros.
Luis Suñén