Michael Nyman se enfrenta con Bach en un recital que es un diálogo directo y sin intermediarios. Cabría la tentación de hablar de una especie de amistoso ajuste de cuentas, de cómo el creador de hoy ve al de ayer que es el de siempre. Un músico como Nyman, que ama a Charlie Parker, a Tito Puente y a Gorecki, que sabe lo que es componer para casi todo, de la ópera al cine pasando por el piano o el cuarteto de cuerda, un icono discutido y admirado –y que, por cierto, sabe mucho, muchísimo de música- no nos dejará indiferentes en su acercamiento al gran Johann Sebastian Bach.